influencers que fracasaron

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Los negocios de ‘influencers’ que no fueron tan bien como parecían

Arii es influencer. Arianna Renee quiere lanzar su propia marca de ropa. Arii tiene 2,6 millones de seguidores en Instagram. Arianna Renee no vende ni 36 camisetas.

El caso de esta joven estadounidense ha ocupado las portadas durante las últimas semanas. Ella, claro, se ha excusado diciendo que no tiene ni idea de vender camisetas (evidentemente) y que en realidad la cifra mínima de piezas de ropa que tenía que vender era de 252. Ah. Y que sus seguidores no cumplen su palabra. Sea como sea, Arii ha vuelto a lo suyo, influir, y, de momento, ha aparcado sus sueños de emprendedora.

¿Qué puede hacer por nuestra empresa un influencer y qué hay que tener en cuenta a la hora de elegirlo?

El de Arianna Renee no es un caso único. Ni mucho menos. Los altares de los influencers han demostrado que no siempre son lo que parecen. Que seguidores no siempre significa engagement. Y que los likes no siempre son negocio. Estos son algunos de los epic fails más destacados de personas que tenían influencia (macro o micro), pero la sobrevaloraron.

Los followers no son clientes

El boom de las redes sociales en la última década ha llevado a las marcas a un terreno desconocido. Muchas decidieron explorar en este nuevo territorio de la mano de los nativos: los influencers. Así, pronto, los líderes de las redes sociales, personas más o menos famosas con millones de seguidores, empezaron a trabajar de forma continuada para las marcas. El objetivo, claro, era vender.

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hi 💜 as many of you seen, my brand failing on its first drop has gotten alot of buzz & i wanted to clear a few things up. first i never even sold t-shirts so i have no idea where that came from. the minimum wasn’t 36 products i had to sell, it was 36 of each product & i had 7 different products so i had to sell 252 pieces for my first drop (very hard). i’ve also never bought followers within the 4 years i’ve been on social media, every follower has been earned. overtime your fans grow out of beings fans. i never had the thought in my head that me having followers meant i was gonna sell out, i knew that wasn’t the case & i mentioned that before. i don’t need anyone’s sympathy nor am i trying to use pity to sell more next time. i shared my failure because i’ve always kept it real with my followers & i wasn’t going to hide in the shadows about this. i just wanna say thank you to those who have been nice enough to give me words of encouragement & advice instead of trolling me.🖤 this is just a lesson learned & i will work harder. i won’t give up!!! taking time to study & design better.

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Algunos optaron también por aventurarse en sus propios negocios. Deslumbrados por los likes y los comentarios positivos, motivados por números de followers que no dejaban de crecer, decidieron emprender. A algunos les salió bien. A otros, fatal. Y es que los motivos por los que los usuarios deciden seguir a un influencer son variopintos. Y por mucho que los admiren, no significa que vayan a comprar a ciegas lo que estos les piden.

Eso sin contar con la cantidad de influencers que compra likes y seguidores falsos. Pero eso es ya otra historia. Vamos con los proyectos de influencers (propios o de terceros) que no fueron tan bien como parecía.

‘Influencers’ que aprovechan la oportunidad equivocada

La vida en las redes es despiadada. Las oportunidades escasean y hay que aprovecharlas. Más aún si estás promocionando tu propio negocio. El problema llega cuando se elige la oportunidad equivocada. En redes sociales, un paso mal dado puede dejar al influencer más consagrado a la intemperie frente a haters y trolls.

El pasado otoño, los incendios que devastaron California dieron la vuelta al mundo. Pero no solo las imágenes de casas acorraladas por las llamas y carreteras que parecían autovías directas al infierno se volvieron virales. Varios influencers utilizaron hashtags como #CaliforniaFires o #MalibuLove para promocionar sus propios productos. Las reacciones no se hicieron esperar.

Montas tu propio evento (y la lías)

Tana Mongeau tiene 21 años. Lleva dedicándose con ahínco a esto de influir desde 2015. Sus casi cuatro millones de seguidores en Instagram y sus 4,5 millones de suscriptores en YouTube prueban que su contenido polémico funciona. Pero su meteórica carrera ha tenido algún que otro tropezón.

El año pasado, tras sentirse decepcionada por el trato recibido en la VidCon, un evento para creadores de contenido online que se celebra en California, decidió montar su propia convención. No solo eso, sino que la bautizó en su honor y la programó para el día de su cumpleaños. Nada podía salir mal en la primera edición de la Tanacon. Pero salió.

Las primeras quejas llegaron de los asistentes. Llevaban seis horas haciendo cola para entrar bajo el sol abrasador de California y la fila no se había movido. Algo estaba pasando. Además, los que habían pagado entradas VIP estaban en las mismas condiciones. Y los pocos que habían logrado entrar mostraban imágenes del interior bastante decepcionantes. Por último, la bolsa de regalos exclusivos para los asistentes contenía cuatro pegatinas y un preservativo.

Al final, no hubo evento. Fue clausurado por problemas de seguridad. Al parecer, el recinto tenía capacidad para 1.000 personas y se habían presentado a sus puertas más de 15.000. Aunque, eso sí, la organización aseguró que no habían vendido más de 5.000. En 2019 no parece que vaya a celebrarse la TanaCon. Y Tana Mongeau ya ha confirmado que se dejará ver por la VidCon.

Lo llamas negocio, pero es una estafa

Un boxeador, un DJ y un negocio redondo con una nueva criptomoneda. Los ingredientes perfectos. Pero la aventura de Floyd Mayweather y DJ Khaled con Centra Check terminó pronto. Después de varias semanas promocionando un producto disruptivo con el que hacerse rico, los usuarios empezaron a denunciar que no habían recibido lo prometido tras invertir dinero real. Se habían fiado de los dos influencers y todo acabó en una demanda judicial que sigue abierta. Por ahora, ambos parecen haber evitado los cargos de estafa.

Lo llaman estafa, pero era un negocio

Otros proyectos de influencers también reciben la etiqueta de estafa. Pero en realidad se trata más de falta de organización y experiencia. Los talleres y charlas de creatividad de Caroline Calloway son el mejor ejemplo. A principios de año, la que dice ser una de las primeras influencers de Instagram (empezó a dominar la red social allá por el 2015) organizó un tour por Estados Unidos que no salió como se esperaba.

Por 145 euros, la promesa era un seminario de cuatro horas, un café o té, un almuerzo vegano, un diario, una corona de orquídeas frescas y un detalle personalizado. Pronto llegaron las primeras noticias. A días de que se celebrasen los eventos, todavía no había locales alquilados, varias personas habían renunciado a trabajar porque no les habían pagado y la propia Calloway dijo que todo estaba llevando mucho más trabajo del que creía.

Al final, el tour fue cancelado y, a los pocos días, (des)cancelado. Finalmente, algunos de los talleres creativos se celebraron. Sin embargo, la confianza de los seguidores de la influencer estaba dañada.

Y es que el éxito de los influencers reside, precisamente, en la sensación de cercanía, intimidad y confianza que se puede generar a través de las redes sociales. Muchas marcas y famosos han sabido aprovechar estos valores para reforzar sus negocios. Otros, sin embargo, han sobrevalorado los vínculos que tenían con sus seguidos y han fracasado.

Imágenes | Unsplash/Ankit Pareek, Steve Gale

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