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Autónomos por Europa: verdades y mitos sobre la situación de los freelance

El autónomo, esa especie de superhéroe al que no le hacen falta vacaciones y que es capaz de trabajar un domingo por la mañana para no perder un cliente. Así es como se ven a sí mismos los más de tres millones de empleados por cuenta propia que hay en España. Sin embargo, para buena parte de la sociedad, el autónomo es ese personaje que se queja, incansable, de los impuestos.

La cuota de la seguridad social, el IVA, el IRPF, las trimestrales, las informativas, el programa PADRE (descanse en paz)… La relación del autónomo con la Agencia Tributaria es intensa. Una de las quejas más recurrentes es compararse con el resto de nuestros vecinos europeos donde, dicen los rumores, es mucho más fácil ser autónomo. Pero, ¿cuánto es verdad y cuánto mito? ¿Es España un país tan difícil para ser freelance?

España vs Europa, más allá de los datos

2016 cerró con casi 3,2 millones de autónomos en nuestro país, algo más del 17% del total de población trabajadora. Este dato sitúa España como el tercer país de la Unión Europea con mayor tasa de trabajadores por cuenta propia. Solo la superan Grecia (35,4%) e Italia (2,.9%), según datos de la OCDE.

Una primera mirada a los sistemas impositivos para autónomos de nuestros vecinos desvela una gran verdad que alimenta buena parte de las críticas: la cuota de la seguridad social es baja o inexistente en Europa. Dicha cuota es fija en España y no aumenta de forma progresiva, pero, sin embargo, da acceso a una de las mayores coberturas dentro de la UE.

Por otro lado, en función del volumen facturado y del tipo de cliente, los autónomos españoles hacen frente al pago del IVA y del IRPF, algo que no sucede en todos los países europeos. Sin embargo, los tipos y porcentajes varían mucho, con lo que la comparación es complicada. A continuación, detallaremos siete de los casos más destacados de nuestro continente.

Reino Unido

El sistema británico para autónomos es uno de los que más beneficia a los trabajadores con bajos ingresos. Si se factura por debajo de los 8.400 euros anuales, se paga un seguro semanal de unos 3,80 euros y nada más. Sin embargo, las coberturas son limitadas (pensión básica, baja por maternidad y muerte) y no se incluye un seguro médico completo.

Por encima de ese umbral, se pasa a una cuota de unos 12 euros por semana a la que, además, se suma el 9% de los ingresos totales. Así, los autónomos que facturen por encima de los 2.000 euros al mes pagarán más seguridad social que en España. Otra gran diferencia es que no hay declaraciones trimestrales de IVA y los impuestos se pagan anualmente en función de lo facturado en el ciclo fiscal.

Portugal

Sin duda, uno de los casos mejor conocidos en España. En nuestro vecino ibérico, no existen las cuotas a la seguridad social. Ni tampoco se paga el IVA. Sin embargo, el equivalente luso al IRPF es bastante más alto que en España. Según el portal de trabajo de la Unión Europea, los autónomos portugueses pagan un 14,5% si facturan menos de 7.000 euros al año, 28,5% hasta los 20.100 anuales, 37% hasta los 40.000, 45% hasta los 80.000 y 48% por encima de esta cifra.

Alemania

Uno de los países que más trabajadores españoles acoge destaca también por la protección de los autónomos que menos ingresan. Por debajo de los 17.500 euros anuales no se paga la seguridad social y los menores de 30 años o los que facturen menos de 1.700 euros al mes están también exentos del pago del IVA. Además, los impuestos sobre la renta son progresivos y por debajo de los 8.600 euros anuales no se paga nada.

Sin embargo, los autónomos no están integrados en el sistema estatal de salud, por lo que deben pagar un seguro médico aparte. Así, si no se está exento de la cuota (140 euros al mes) y se paga el seguro médico, los gastos mensuales de seguridad social exceden los 300 euros. Algo más que en España.

Italia

Otro de los famosos casos en los que no existe cuota de seguridad social. Al igual que en Portugal, los autónomos italianos solo pagan por lo que facturan. Pero pagan bastante más que sus vecinos españoles.

Entre los 0 y los 15.000 euros anuales, los italianos pagan un 23% de lo facturado. Después, la tasa sube al 27% hasta los 28.000 euros, 38% hasta los 55.000, 41% hasta los 75.000 y 43% por encima de esa cantidad. Además, las cuantías varían ligeramente en función de si el autónomo es artesano, comerciante o profesional liberal.

Francia

Con 9,5 sobre 10, la revista Forbes nombró recientemente a Francia como el mejor país europeo para ser autónomo. Y no tanto porque se pague poco (que también), sino porque los beneficios sociales son más altos que en cualquier otro territorio.

Los autónomos franceses no pagan nada durante el primer año de actividad. Después, en función de la actividad y el nivel de facturación, se establecen una serie de cuotas progresivas (parten del 12% del total facturado en actividades comerciales, 18,3% para profesiones liberales y 21,3% para servicios). Además, no se factura (ni se puede desgravar) el IVA.

Estos pagos dan acceso a asistencia sanitaria, pensión de jubilación, baja por incapacidad temporal y pensiones de viudedad e invalidez. Sin embargo, el seguro médico para autónomos contempla el pago previo de la consulta y el reembolso posterior de entre el 65% y el 100% del total.

Holanda y Dinamarca

Aunque no son países que absorban una gran cantidad de trabajadores españoles, los casos de estos dos vecinos del norte se nombran insistentemente como modelo a seguir. No en vano, en Holanda solo se pagan 50 euros al año de cuota y los emprendedores autónomos daneses no pagan nada.

Además, en Holanda los impuestos sobre la renta son bajos (12,25%) si se factura por debajo de los 33.000 euros anuales, aunque suben al 40% si se supera esta cantidad. El problema aquí es que la cuota no da acceso a casi ningún beneficio social y los autónomos deben pagar su propio seguro médico y de jubilación.

El sistema impositivo danés es uno de los más progresivos de Europa. La seguridad social se lleva un 8% del total facturado, independientemente de la cantidad, y, después, se establecen multitud de tramos en los que se paga más cuanto más se gane.

Por otro lado, el sistema de Dinamarca da acceso a cobertura sanitaria completa y a pensión de jubilación. Sin embargo, el seguro por desempleo y algunos tipos de bajas deben ser abonados por separado, ya que los gestionan los sindicatos. Su importe varía en función de la profesión, pero parte de unos 60 euros mensuales.

Así que, a modo de rápida conclusión, se puede ver que la comparación es complicada porque no solo se trata de cuánto se paga, sino de los beneficios que se adquieren. Es cierto que el sistema español carece de flexibilidad, ya que la cuota a la seguridad social es fija, independientemente de lo que se facture, pero tampoco se encuentra entre los más caros de Europa.

Por Juan F. Samaniego

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