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La historia del creador de Snapchat, el ave fénix de los negocios

En un mundo en el que asistimos a un vertiginoso despliegue de nuevas aplicaciones móviles, start-ups que nacen y mueren por docenas cada día, y una cierta sensación de volatilidad en el sector, es gratificante cuanto menos comprobar que no todo estaba inventado, que se puede ser original y enamorar a millones de jóvenes de todo el planeta cuando parecía que todo estaba inventado.

Nos referimos a Snapchat, la red social del momento, que cuenta con 150 millones de usuarios y que acaba de salir a Bolsa con un valor de mercado de 19.000 millones de euros. La compañía, fundada por los hoy muy respetados Evan Spiegel (1990) y Bobby Murphy (1989), incluso rechazó una oferta millonaria de compra por parte de Facebook en 2012, algo que sorprendió a muchos analistas, pero que puso de relieve que detrás de esta red social había no solo oportunidad, sino estrategia y conocimiento del mercado.

Admirados e imitados

Alumno de la prestigiosa Universidad de Stanford, en la que estudió Diseño de Producto, Evan Spiegel, coincidió en la hermandad Kappa Sigma con Bobby Murphy. Juntos diseñaron Picaboo, un sistema de mensajería que se autodestruía en 10 segundos. Obviamente, a la gente apenas le daba tiempo a recibir y leer el mensaje, menos a contestarlo. Así que afinaron el tiempo de la cuenta atrás y le dieron 24 horas de vida. Era septiembre de 2011 y había nacido Snapchat.

No se equivocaron en su apuesta y, frente a sus rivales, es la única que sigue creciendo a un ritmo exponencial. Con un diseño pure first-mobile, más seguidores nativos entre millennials y GenZ, son la envidia de los grandes consorcios tecnológicos que necesitan ofrecer a sus anunciantes este target y en este entorno.

La prueba de su éxito es que incluso WhatsApp, hoy en manos del todopoderoso Facebook, ha tenido que adaptarse recientemente para ofrecer la principal característica que ha llevado a Snapchat al éxito: la autodestrucción de los archivos.

Escalando el éxito

Snapchat corrió de boca en boca y se hizo un hueco rápidamente entre los más jóvenes. Un estudio publicado en EE UU en 2015 mostraba que el 60% de usuarios de smartphone entre 13 y 34 años estaban dados de alta en la aplicación. Las últimas cifras hablan de 400 millones de dólares facturados el último año y 158 millones de usuarios únicos a diario.

Y parece que su potencial se intuía algunos años antes. Se cuenta que el mismísimo Mark Zuckerberg, creador de Facebook, contactó con Spiegel para un encuentro. “Ven a Menlo Park y conozcámonos”, le dijo. “Me encantaría conocerte… si eres tú el que viene a verme”, respondió Spiegel. A Zuckerberg no se le cayeron los anillos y arregló una cita secreta para ver cómo su Poke, una copia descarada de Snapchat, podía ser integrada en Facebook, sin ser un problema el copyright o lo que costase. Spiegel y sus dos colaboradores no quisieron compartir los intríngulis de su aplicación y Zuckerberg volvió de vacío. Lanzó Poke y, tras un efímero paso por lo alto de las listas de descargas, llegó el ostracismo justo en el momento que Snapchat comenzaba a despegar con sus máscaras y filtros integrados.

Aquella altanería no sentó muy bien en los despachos de Facebook, y decidieron poner un precio para bajarle los humos. Pero 3.000 millones de dólares no fueron suficientes, pues Spiegel (que con un 25% de la compañía habría obtenido 750 millones de un plumazo) seguía enrocado en su idea de seguir por libre. Una decisión que el tiempo ha validado, ya que en la actualidad Snap, la matriz de Snapchat, ha salido a Bolsa con una valoración de 20.000 millones de dólares. ¿Premio a la fe en uno mismo y a la perseverancia? ¿Coherencia con sus principios?

Hoy día Snap contrata a unos 1.900 trabajadores, pero no se sabe a ciencia cierta dónde están. Carece de una sede al uso o cuartel general donde lucir su logo o poner en sus tarjetas de visita. Lo más parecido es una delegación en Venice Beach, pero allí parece que van a pasárselo bien entre skaterollers y surfistas. Tampoco contribuye mucho su desapego por las comparecencias públicas y las notas de prensa. Todo lo que se sabe de Snapchat no son más que fruto de rumores, filtraciones y algún desliz dicharachero, pero poco o nada se puede entrecomillar.

Los nervios de su reciente salida a Bolsa no ayudan. “Una mala cobertura en medios podría dañar seriamente nuestro negocio”. Así que cuanto menos se sepa de la vida y milagros, cambios en los productos o especificaciones técnicas, actividades regulatorias o hábitos de los usuarios, más estable será su futuro. Mark ya tiene quien le haga competencia. Solo el tiempo dirá si Evan es capaz de hacerle sombra.

Javier Renovell