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Javier Serrano, autor de ‘Un mundo robot’: “¿Queremos mantener lo que conocemos como empleo?”

El ser humano ha trabajado para vivir desde que tenemos registros históricos. El empleo forma parte de nuestro ADN social actual y, sin embargo, quizá estamos en vísperas de una redefinición del concepto de trabajo. Javier Serrano, doctor en ingeniería, autor de ‘Un mundo robot’ y profesional cercano a los últimos avances tecnológicos, analiza la posibilidad de un tercer milenio en el que la automatización cope todos los nichos que hoy día llamamos profesiones.

En ese futuro de máquinas y algoritmos capaces, los trabajadores tal y como los conocemos han pasado de estar desempleados a ser inempleables. ¿Veremos ese cambio? ¿Cómo de preparados estamos para que la tecnología coja el relevo de la generación de capital? Bajamos a tierra la automatización y los cambios tecnológicos en el mundo laboral de las próximas décadas, empezando por el desempleo debido a la capacidad de las máquinas para aprender.

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“Lo que aprende un robot es aprendido por todos los demás”. Un concepto poderoso en ámbitos laborales. ¿Afectará la automatización a los puestos de trabajo en el corto plazo? ¿Puede defenderse un empleado?

Dependerá del escenario que elijamos de cara al futuro. En principio, la respuesta ha de ser que no. Los “mejores” humanos han sido irrepetibles. Los Bach, Newton, Beethoven, Einstein. No hemos encontrado el modo de que esos genes se repitan, ni siquiera en su descendencia cuando la han tenido.

En el caso de las máquinas, la situación es completamente diferente. Cuando conseguimos que una máquina haga algo, sabemos lo que el resto de máquinas necesita para hacerlo de un modo igual de eficiente. No se pierde nada. Cuando las máquinas aprenden algo, es para siempre.

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“Quien tiene una empresa puede escapar del desempleo tecnológico ayudado por máquinas y algoritmos”

Agregas que “los autómatas van a implicar una competencia laboral imposible conforme su evolución se haga realidad, generando desempleo masivo”. No parece un futuro agradable para, por ejemplo, una pyme.

Dependerá. La segunda mitad del libro provoca escenarios para reflexionar. Algunos son pura fantasía, para provocar, otros están basados en soluciones clásicas, y en el medio hay todo un abanico de soluciones que se pueden abordar. Las pymes pueden encontrar un mundo adecuado.

La tecnología no tiene por qué suplantarlos porque las máquinas pueden ser nuestro cotrabajador. Quien tiene una empresa puede escapar del desempleo tecnológico ayudado por máquinas y algoritmos que van a hacer ese trabajo de forma eficiente. Es solo una opción posible.

Otra es la de “repartir beneficios”, que suena un poco utópica. Las máquinas superan muchas tareas humanas, pero lo hacen gracias al conocimiento acumulado tras miles de años de conocimiento adquirido. Ese conocimiento en el mercado tiene un precio, y se puede justificar una renta (universal).

“¿Queremos mantener lo que conocemos como empleo?”

Propones en el libro, como medida temporal de conservación del empleo, que los trabajadores desplazados se vuelvan dueños de sus socios-autómatas. Comprar el robot que nos sustituye.

¿Queremos mantener lo que conocemos como empleo? Su viabilidad dependerá del entorno. Hoy todavía es viable trabajar para la mayoría de las personas, salvo para esa parte de desempleados estructurales que no consiguen acceder al mercado de trabajo.

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De aquí a 20 o 100 años, bajo la hipótesis de que las máquinas pueden hacer cualquier actividad de forma más eficiente que nosotros, una de dos: implementamos este tipo de soluciones y las hacemos viables o nos vamos a escenarios mucho peores que el hecho de no tener trabajo. Un ejemplo: ahora hay negocios de alquiler de DVDs en que las máquinas hacen prácticamente todo. El dueño del negocio puede dedicar su tiempo a gestionar las finanzas o pensar en posibles mejoras.

Entonces hay esperanza. Parece que grandes destructores de empleo como es la conducción autónoma podrían amortiguarse.

Hay algoritmos que ya saben conducir de manera más eficiente que el ser humano. Siguiendo con lo anterior, una solución podría ser que cada conductor profesional no sea reemplazado por un autómata que conduce, sino que esa máquina conductora sea su cotrabajador.

Sería necesario que se planteen soluciones, como que cada persona que está en riesgo de perder su trabajo como conductor profesional tenga acceso fácil a un coche autónomo. Los beneficios que genera el autómata serán sus beneficios. Para ciertos sectores podría ser una solución viable.

“En el futuro que viene lo que las máquinas quizá harán peor será tratar los asuntos más humanos”

¿Hay negocios refugio para los humanos? Quizá aquellos que requieren de una socialización amplia o una ética laxa. Ancladas a normas, las máquinas no tienen noción de “contabilidad creativa”.

Todos estos nichos dependen de la idiosincrasia humana. Pongo el ejemplo de gestores y contables que son muy buenos y tienen unos conocimientos fantásticos, pero quizá son demasiado estrictos en la aplicación de las normas. Y otros tienen una gran creatividad que gusta a ciertos clientes, y son capaces de aprovechar resquicios legales en beneficio del cliente.

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En el futuro que viene, lo que las máquinas quizá harán peor será tratar los asuntos más humanos como humanos. Desde cuidar a otra persona a entender emociones. Como ejemplo, la atención al cliente. Queremos hablar con una persona, quizá porque conocemos el ‘algoritmo’ con el que funciona, que es el mismo que el nuestro.

Los algoritmos son más binarios en lo que es o no admisible y el ser humano tiene todo un “rango de admisibilidad” de las normas éticas, de comportamiento, políticas, sociales, etc. Para nosotros, es difícil decir si algo está bien o mal de forma categórica. Implementar el rango de grises en las máquinas es difícil.

“Para nosotros es difícil decir si algo está bien o mal de forma categórica”

Otro modelo para que sigamos conservando un trabajo es reducir la jornada laboral de forma gradual, compensando el que sean necesarias menos horas-hombre para producir un bien. ¿Puede aplicarse a España?

Mi lógica de ingeniero me dice que será viable, aunque no sencillo. Por la parte social y política es muy complicado porque es un problema casi clásico. No ha pasado de ser una idea, y hemos acumulado muchos pros y contras. La idea se encuentra en el abanico de soluciones frente al desempleo tecnológico, pero me temo que habrá mucha gente a favor y mucha en contra.

El economista Keynes decía, hace un siglo, que ahora tendríamos jornadas de trabajo de 15 horas semanales. No ha ocurrido. Quizá es más sencillo implementar soluciones nuevas que no hayan sido trilladas por el debate social y político. La reducción de jornada como elemento auxiliar, y solo en profesiones en las que el trabajador no sea imprescindible, como la I+D.

“Lo que hacen los estudios para medir el impacto en el trabajo de las máquinas capaces es lo que todos deberíamos hacer de manera individual”

Soy autónomo o trabajo en una pyme. ¿Me va a afectar la automatización en la próxima década? El miedo a perder el empleo está generalizado.

Lo que hacen los estudios para medir el impacto en el trabajo de las máquinas es lo que todos deberíamos hacer de manera individual. Analizar qué tipo de tareas estamos haciendo en nuestro trabajo y comprobar cuáles podrían ser automatizadas.

Si resulta que la mayoría de ellas podrían realizarse en los próximos años por un algoritmo, estaríamos en una situación algo preocupante. Si solo una mínima parte pueden ser automatizadas, probablemente solo tengamos que adaptarnos a las nuevas tecnologías.

Si somos francos con nosotros, nos damos cuenta de que muchas actividades son automatizables. Incluso existen “trabajos de mover papeles” de un lado a otro. Las tareas que nos quedan son aquellas que involucran a dos humanos: quien ejecuta la tarea y quien la recibe. Cuidar a personas, por ejemplo.

“El miedo a perder la rutina está instalado en nuestro software

-¿Estamos preparados para vivir sin trabajar, recibiendo un salario universal?

Es un salto al vacío. Estos planteamientos nos bloquean porque necesitamos cierta rutina. Aunque nuestro trabajo no nos guste y pueda ser automatizado, nos cuesta mucho pensar en otro tipo de entorno. Es una inercia que sabemos que no nos gusta del todo pero que nos protege: evita tener que plantearnos cada día como una aventura.

Si preguntamos a nuestro círculo cercano, la gente tiene ciertos reparos a no trabajar y disfrutar del ocio, incluso del ocio creativo. El miedo a perder la rutina está instalado en nuestro software. Pensar que mañana podríamos no estar trabajando supone un pequeño terremoto.

“Lo que se ignora no existe”. No se habla de automatización en los gobiernos. ¿Nos estamos preparando para un cambio laboral? ¿Alguna propuesta?

Con las herramientas que tiene hoy el juego político, no se pueden abordar este tipo de temas. Es un desafío para toda la humanidad y todo el planeta, y que además puede ocurrir en el plazo de décadas. Requiere cualidades y capacidades políticas que hoy no tenemos. La política tiene sus propias limitaciones.

Una persona que entre hoy a gobernar un país tiene ya tal cúmulo de problemas de deuda, déficit, desempleos estructurales, delitos… Solamente intentar paliar o gestionar esos problemas va a consumir muchos recursos. La gestión del cambio climático es un ejemplo de limitación a nivel global.

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Sin entrar en generación de capital, la tecnología está eliminando también a los intermediarios (B2B2C) uniendo productores y consumidores directamente (B2C).

Habría que preguntarse hasta qué punto queremos salvar el trabajo de los intermediarios. ¿Cuántas veces hemos oído en las noticias al agricultor que se queja porque en el mercado se venden sus patatas a 20 veces más de lo que gana por ellas? La tecnología da la posibilidad a que productor y consumidor actual establezcan contacto, además a nivel planetario.

“La tecnología da la posibilidad a que productor y consumidor actual establezcan contacto”

La clave está en aportar valor y preguntarse hasta dónde lleva este camino. Cuando surgieron los centros comerciales nos dimos cuenta de sus ventajas, pero no vimos consecuencias como la desertificación comercial y la pérdida de vida de barrio.

Imágenes | Javier Serrano, iStock/Thossaphol, iStock/undefined, iStock/AndreyPopov, iStock/herraez

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