Mónica Galán: “Para hablar bien en público, pensemos bien en privado”

Empresa

“Para hablar bien en público, lo primero es pensar bien en privado”

La experta en comunicación y oratoria Mónica Galán nos da las cinco claves para triunfar cuando hablamos en público, pasando del miedo al placer escénico. Te acaban de agendar una reunión de trabajo en la que tendrás que hablar en público, pero no sabes hacerlo adecuadamente. Te pones nervioso, te trabas, sudores fríos recorren tu cuerpo… y sientes que no estás a la altura.

Se trata de una situación embarazosa, pero muy común. Hablar bien en público, junto con un manejo fluido del inglés, son dos de las grandes asignaturas pendientes de los profesionales españoles, que pueden ver cómo sus carreras se estancan por no subsanar estas carencias.

Sin embargo, dar un salto cualitativo en el discurso y proyectar profesionalidad, serenidad y pasión es posible. Es algo que se puede entrenar si uno sabe cómo.

Mónica Galán, experta en comunicación, oratoria y comportamiento no verbal, enseña en su libro ‘Método BRAVO’ (Alienta editorial) cinco pasos para conseguirlo y aplicarlo en nuestro día a día, ya sea en una reunión de trabajo, de la comunidad de vecinos, del colegio de los niños o en un brindis en la boda de nuestro mejor amigo.

“Para hablar bien en público, lo primero es pensar bien en privado”, afirma Galán. “Lo que tiene que hacer cualquier orador es un poco de trabajo interno. Cuando estamos frente a una cámara o una audiencia, sale nuestra personalidad. En la actualidad, llevamos un ritmo de vida frenético y no siempre nos paramos a hacer un cierto ejercicio de introspección sobre quiénes somos, qué pensamos de nosotros mismos, qué sabemos hacer, por qué deben escucharnos…”, explica esta coach

Anthony Wilson, profesor en British Council Madrid

“Una entrevista en inglés no es un examen, sino una oportunidad para demostrar que somos competentes”

Bienvenida

Sabiendo quiénes somos y qué queremos proyectar, hay que preparar nuestra oratoria empezando por la bienvenida, momento clave de todo discurso, apunta Galán, ya que, según el efecto de primacía, las personas retenemos mucho mejor los primeros elementos de una intervención.

“El primer instante de hablar en público tiene que ser redondo” para ganarse a la audiencia, asegura. Nada de comenzar con un tono dubitativo o una palmada. “Hay que empezar con fuerza, de una forma distinta”. Para ello, recomienda tres trucos: contar una historia que enganche, aportar un dato o hablar de un hecho sorprendente, o formular una pregunta que despierte la atención.

Reconocimiento

El reconocimiento es la segunda clave para una buena intervención y ha de ser de tres tipos. Por un lado, está el reconocimiento a la temática del discurso: “Cuanto más se sabe, más sencillo es elegir los argumentos para exponer un punto de vista único e irrepetible”, dice Galán. Pero también es importante el reconocimiento a uno mismo. “El concepto que uno tiene de sí mismo condiciona sus acciones sobre el escenario o en la sala de reuniones y, por tanto, también las palabras que escoge. Y esos términos, se crea o no, tienen un impacto muy fuerte en la audiencia y en la imagen que se formará del orador”, prosigue esta experta.

El tercer reconocimiento es a la audiencia por su tiempo y atención, lo cual a su vez es una técnica para conseguir que escuche. “No hay nada tan poderoso como agradecer de antemano lo que deseas que suceda para que, precisamente, suceda”, añade la coach.

Mónica Galán: “Para hablar bien en público, pensemos bien en privado”

Autoridad

La tercera clave que nos ayuda a hablar bien en público es la autoridad, sinónimo de credibilidad, y que se logra tanto a través del lenguaje verbal como del no verbal. “Nadie creerá ni una sola palabra que salga de nuesta boca si el cuerpo y la voz no la acompañan”, manifiesta Galán.

¿Cómo hacer entonces que nuestro comportamiento no verbal juegue en favor nuestro? Galán aconseja fijar la mirada en el público, y no únicamente en el de las primeras filas, sonreír siempre, que las manos solo se usen para remarcar los momentos importantes, ya que vinculan habla e imagen, y que nuestros movimientos sean voluntarios.

Sin embargo, dominar ambos lenguajes puede llevar tiempo y, todavía mucho más, recibir del público esa autoridad respecto a un tema, de modo que la autora recomienda directamente que se finja tenerla. “Hay que ser uno mismo, mostrar con autenticidad y honestidad quiénes somos frente a la cámara o la audiencia. Ahora bien, aunque no seamos actrices o actores, hay que desempeñar un cierto papel en cuanto a, por ejemplo, proyectar seguridad cuando todavía no la tenemos”.

Valor

Este cuarto pilar de todo discurso no es más que el mensaje y Galán propone articular la intervención en torno a las emociones, en lugar de en torno a la razón. “Si no comunicas con historias, no comunicas. Los hechos hablan, pero las historias venden”, asevera.

Los relatos no solo simplifican el mensaje, sino que conmueven al espectador y de esta manera asocia sus propios sentimientos a lo que le cuentan. No hay nada mejor para conseguir que recuerde el mensaje y ponerlo de nuestro lado.

En este sentido, la mejor improvisación es la preparada. “Muchas veces la gente comenta que prefiere no escribir sus intervenciones”, cuenta esta especialista en oratoria. “Yo digo siempre que si un discurso no merece la pena ser escrito, seguramente tampoco merece la pena ser escuchado. No creo que saber escribir sea necesario para hablar bien, pero hay que escribir para poder contar”.

Ovación

Al igual que debemos preparar a conciencia el arranque del discurso, hay que prestar especial atención a su final, algo que, según Galán, se descuida mucho más. Se debe elegir un cierre que enganche con toda la intervención anterior y la experta ofrece varias fórmulas, desde crear una frase que resuma el mensaje, repetir un enunciado tipo eslogan con el que se haya comenzado el discurso, hasta un cierre metafórico, emocional o proverbial. “Hay que trabajárselo porque es la última oportunidad para captar la atención del público, quedarnos en su recuerdo y hacerse merecedor de la extraordinaria ovación ‘¡Bravo!”.

Imágenes | Mónica Galán

Subir