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Anna Mercadé: “Las empresas con más mujeres en la dirección ganan más, dan más bienestar a sus equipos y miran a largo plazo”

Las mujeres son mayoría en los centros educativos y en muchas empresas, pero luego están poco presentes en los consejos de administración o en los equipos de dirección de esas mismas compañías. Anna Mercadé, que ha dedicado toda su vida a la lucha por los derechos de las mujeres, analiza en un libro las razones de este desfase. Además, habla de los beneficios que tendría para el mundo laboral que las mujeres estuvieran más implicadas en la toma de decisiones. Aunque todo ello lo cuenta en ‘Dirigir en femenino’, en esta entrevista adelanta, de forma llana y muchas veces combativa, sus puntos de vista. 

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¿Hemos dejado atrás la distinción de trabajos para hombres y trabajos para mujeres?

En muchos sectores de actividad, como el periodismo o la educación primaria, las mujeres son mayoría, pero luego la presencia femenina es escasa en los puestos directivos. ¿Qué pasa?

Ellas son las que hacen el trabajo, las que hacen funcionar las empresas y también los medios de comunicación, pero los que mandan y deciden son hombres. Esto es muy grave porque la filosofía, las noticias, las miradas, los ejemplos y los modelos siempre se dan en clave masculina.

¿Qué valores aportan las mujeres a la gestión empresarial? ¿En qué consiste eso de “dirigir en femenino”?

Son los valores que han desarrollado las mujeres a lo largo de toda la historia de la humanidad y que son los más estrictamente humanos de creación y conservación; de amor y cuidados; de relaciones de paz y de concordia; de negociación y de respeto; de ganar todos y de bien común. Ellas tienen muy desarrollada la inteligencia emocional, que consiste en empatía, habilidades sociales y de comunicación o en trabajar en equipo, sacando lo mejor de todas las personas.

Más que mandar, ejercen autoridad moral, y procuran el bienestar de sus equipos, más que “solo los beneficios económicos”. Este es el gran cambio porque las empresas las hacen las personas. Hoy sabemos que las empresas con más mujeres en la dirección tienen mayores beneficios, ofrecen mayor bienestar a sus equipos, miran a largo plazo y son más sostenibles. Por todo ello, las mujeres son agentes de cambio en sus lugares de trabajo. Están transformando las organizaciones y el tejido empresarial.   

¿Cómo ve a España en cuestiones como la incorporación de la mujer al trabajo, la igualdad de género o las políticas de conciliación, en comparación con los países más avanzados?

España dio un salto adelante con la Ley de Igualdad del 2007 y luego se ha estancado e incluso en algunas cosas ha ido para atrás. Porque mientras los demás países europeos han dado un gran salto en romper los techos de cristal y obligar a las empresas a promocionar a las mujeres a los puestos de decisión, aquí todavía existe una gran resistencia de las empresas privadas e incluso públicas en cumplir la ley, las recomendaciones del Gobierno, de la CEOE y de la Unión Europea.  

En algunos países europeos se han hecho grandes avances en prohibir por ley las diferencias salariales por un mismo trabajo. O sea, en reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres, que en España puede llegar al 26% en los puestos directivos.

Todavía esperamos la ley de la baja por paternidad obligatoria e intransferible que ayudaría mucho a la corresponsabilidad y a no penalizar a las mujeres por ser madres. La reforma horaria ha quedado congelada. Además, estamos a la cola de las ayudas por tener hijos y a la cola en servicios gratuitos, como guarderías, residencias para la tercera edad, etc.

“Las mujeres españolas son las más estresadas y más medicadas de la Unión Europea”

Usted echa de menos “cambios estructurales” que involucren a los hombres en la crianza de los hijos y hagan posible una feliz conciliación de vida laboral y familiar. ¿A qué “cambios estructurales” se refiere?

Sencillamente a organizar por primera vez en la historia una sociedad 50/50. O sea, que esté organizada, decidida y dirigida al 50% por hombres y al 50% por mujeres, y según las visiones y los intereses de ambos. Pasar de la sociedad patriarcal organizada en clave masculina y según sus intereses y sus ciclos de vida a una sociedad democrática que cuente con la mitad de la población que somos las mujeres. Una sociedad que valore la maternidad, la paternidad y el cuidado de la infancia y de la vejez como lo más importante de una comunidad.

Mirando al interior del país, ¿observa diferencias entre comunidades autónomas o zonas concretas, o entre grandes núcleos de población y pueblos?

Por supuesto. En las zonas rurales las mujeres lo tienen más difícil. Están más aisladas. Están aisladas por no tener buenos medios de comunicación y también están fuera de las redes por no tener internet. En las autonomías en que las mujeres tienen una elevada participación en el mercado de trabajo y por tanto más independencia económica, se notan más sus avances. Evidentemente, en las concentraciones urbanas existen más oportunidades de trabajo y de formación, y más facilidades en todos los sentidos.

Usted fue pionera en el movimiento feminista bajo el franquismo. ¿Hasta qué punto ha cambiado el papel de la mujer en el trabajo y en la sociedad en los últimos 40 años en este país?

Las mujeres hicieron un gran salto en los primeros años de la democracia. Las jóvenes se pusieron las pilas y entraron masivamente a las universidades y en todos los oficios. Pensaron que si estudiaban y se preparaban muy bien y trabajaban duro en las organizaciones y en las empresas, llegarían a donde llegaban sus compañeros.

Pero desde hace 15 años estamos constatando en nuestros estudios del Observatorio Dona Empresa y Economía que esto no ha sido así.  Ellas están más preparadas y formadas que ellos. Son el 60% de las licenciadas, la mayoría con dos carreras y tienen los mejores resultados. Tienen buenas competencias y habilidades para dirigir. Pero sigue existiendo un techo de cristal que hoy ya lo llaman “de cemento”, que está formado por ellos, que no quieren dejar sus sillas ni favorecer el cambio generacional ni la entrada de la diversidad con las mujeres más talentosas.

Esto pasa porque no hay meritocracia y se opta por el amiguismo y otros procedimientos.  Los hombres se escogen entre ellos. Hoy asistimos a un resurgir importante del feminismo. El movimiento #MeToo contra el abuso sexual, las masivas manifestaciones del 8 de marzo en España y contra la sentencia de ‘la Manada’ y contra la violencia de género… están marcando un antes y un después.

Hoy las mujeres (mayores y jóvenes) saben que no existe la igualdad, que hay discriminación en todos los rincones de la sociedad, que hay machismo en todos los estamentos, que la justicia todavía es machista en muchos casos, que existe discriminación salarial y un largo etcétera. Y que las jóvenes tienen miedo de salir a la calle a según qué horas. Han tomado conciencia de que la igualdad ante la ley es solo un espejismo.

“Una tercera parte de mujeres profesionales, después de años de trabajar duro, abandonan sus puestos de trabajo cuando tienen hijos”

¿Qué se puede hacer entonces?

Solo luchando, como nuestras abuelas, sufragistas y tantas miles de mujeres, conseguiremos una sociedad más igualitaria y democrática para todas y todos. Hay que seguir los senderos de los países más desarrollados y avanzados, como los nórdicos. También hay que cumplir las leyes de igualdad que tenemos, implantar la meritocracia en las organizaciones, dando ejemplo desde la Administración y desde la política. Hay que promocionar el talento femenino, prohibir por ley las diferencias salariales por el mismo trabajo y promulgar la ley de paternidad obligatoria e intransferible. Por último, insisto en los servicios gratuitos de guarderías y de residencias de la tercera edad.   

¿Qué tiene que decirles a aquellos que piensan que la plena igualdad de género no existe y que siempre va a haber una aproximación diferente a los problemas por parte de hombre y mujeres?

No pretendemos que exista la plena igualdad de género. Pretendemos que se acepten las diferencias y que haya igualdad de oportunidades e igualdad en la responsabilidad de los cuidados y de las tareas domésticas. Que desarrollemos una sociedad más equilibrada entre la energía masculina y la energía femenina.  

Usted dice en un momento del libro que “para ser independientes y autónomas económicamente y emocionalmente, como primer paso las mujeres deben legitimar en el interior de sus entrañas que pueden y tienen el derecho a hacerlo”. ¿Hasta qué punto sus limitaciones profesionales son autoimpuestas?

Las mujeres venimos de un largo camino histórico de discriminación constante, de marginación y de ser tratadas como meros objetos de placer y de reproducción. En momentos de la historia, la propia Iglesia nos negaba que tuviéramos alma. Nuestro entorno es patriarcal y absolutamente masculino en el pensar y en los patrones culturales.

Está lleno de prejuicios, basado en un sistema de creencias milenario en que el superior es el hombre y la mujer debe ser sumisa, guapa, pero recatada, adecuada a los estándares. Por ello, las mujeres debemos hacer un ejercicio constante y continuado de “toma de conciencia” sobre quiénes somos y cuál es nuestra identidad, y luchar por nuestra libertad interior.

Las mujeres son muy responsables y jamás se presentan a ninguna candidatura si no cumplen el 95% de las condiciones. Ellos, con un 60% de condiciones, se consideran “los mejor preparados” y se presentan a lo que sea. Es la educación general y el entorno, que les da siempre mayor credibilidad a ellos.   

“Las mujeres son muy responsables y jamás se presentan a ninguna candidatura si no cumplen el 95% de las condiciones”

¿No cree que hay muchas mujeres directivas que hacen un esfuerzo por mimetizarse con los hombres que las rodean en los equipos de dirección y que, por eso, ese estilo diferente de gestionar, más basado en la comunicación y lo emocional, no aflora?

Hay mujeres que copian los patrones masculinos de mando y de management. Hay mujeres que solo se preocupan de llegar ellas solas y cuando están arriba sacan la escalera o cierran las puertas. Las norteamericanas lo llaman el ‘síndrome de la abeja reina’ y pasa porque en las organizaciones muy masculinas los métodos son muy masculinos, y es la única manera que tienen de  subsistir. Pero hoy en día podemos hacerlo diferente y ser mucho mejores. En mis conferencias siempre cito el anónimo africano: “Sola llegaría más rápido, pero juntas llegaremos más lejos”

Para escribir este libro ha hablado con muchas mujeres. Cuéntenos brevemente una historia de éxito profesional de una mujer que haya materializado ese estilo de dirigir femenino que usted defiende.

Muchísimas mujeres de mi entorno han logrado grandes éxitos ejerciendo el liderazgo en femenino. Al final del libro cito algunos ejemplos. Muchas de ellas están a mi lado en el Observatorio Dona Empresa y Economía de la Cámara de Comercio de Barcelona.

Y, al contrario, cuéntenos un caso lastimoso de una directiva que haya tenido que tirar la toalla en su carrera profesional por el entorno desfavorable o por sus propias autolimitaciones.

Las autolimitaciones siempre vienen de una falta de autoestima o bien de una autoestima mal colocada, fruto de la educación (formal e informal) del entorno, de la cultura patriarcal y machista, de los medios de comunicación y de la presión del entorno familiar y organizacional. Y, sobre todo, de la falta de medios para equilibrar nuestras vidas privadas y laborales.

Una tercera parte de mujeres profesionales, después de años de trabajar duro, abandonan sus puestos de trabajo cuando tienen el primero o el segundo hijo por no poder conciliar. Esto es culpa de las empresas, del entorno y de los políticos. No de ellas. Las mujeres españolas son las más estresadas y más medicadas de la Unión Europea.

Imágenes | Gestión 2000

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