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¿Hemos dejado atrás la distinción de trabajos para hombres y trabajos para mujeres?

empresas hombres mujeres

Por razones históricas, pensamos en rosa femenino o azul masculino hasta que caemos en que los colores no tienen género y, ya puestos a matizar, tampoco tienen sexo. De hecho, hasta 1940 estas asignaciones estaban invertidas. Como con el color, todavía hay profesiones en las que se presupone un género determinado y se desprestigia el otro.

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Los trabajos analíticos, de ingeniería o cálculo todavía tienen un marcado sesgo varón; mientras que oficios más empáticos, como la enfermería, la higiene o el cuidado tienen un marcado peso femenino, e incluso dentro de cada uno parece haber regiones polarizadas. Sin embargo, esto está cambiando a medida que educamos a nuestros estudiantes a elegir lo que quieran ser.
 

¿Las carreras técnicas siguen siendo “de chicos” y las letras “de chicas”?

Hasta la fecha, y según las estadísticas del INE, esto sigue siendo así en líneas generales. Ingeniería y arquitectura cuentan con una baja participación femenina (24,7% en 2015) y las carreras relacionadas con la salud con una baja participación masculina (69,4% son mujeres).

Sin embargo, en otras carreras, como las ciencias sociales y jurídicas (59,7% de mujeres) o ciencias en general (51,1%) se está alcanzando una paridad mucho antes. Los conjuntos son cada año un poco más homogéneos, más permeables y con menor correlación entre género y tipo de carrera.

Aunque estas variaciones tardarán en llegar al mercado laboral, hemos entrevistado a cinco profesionales para que nos den su opinión sobre el papel que juega el género en sus profesiones.
 

¿Supuso tu género un problema para acceder a la carrera o desempeñarla?

¿Las carreras técnicas siguen siendo de chicos y las letras de chicas?

«No, nunca», nos comenta María, que se identifica como ingeniero industrial «porque es lo que pone en mi título, aunque si pusiese “ingeniera” no me opondría». Admite que «siempre generas curiosidad algo morbosa a tu paso. “¿Por qué ingeniera cuando podrías haber sido algo distinto?”. Pero nada que frenase mi capacidad para elegir a qué me quería dedicar».

Alberto, enfermero y especialista en cuidado de ancianos, tiene una experiencia distinta, ya que «sobre todo a nivel de familia y amigos», sufrió mucha oposición por elegir enfermería en lugar de medicina. «En lo familiar por tradición (mi padre y sus hermanos son médicos) y en las amistades por falta de normalización de los varones en la profesión». Eso sí, «dentro de la carrera no hubo nunca ningún freno», nos cuenta.

«El problema es que no puedo ejercer parte de mi profesión en según qué áreas», nos explia Manu, graduado en Ciencias de la Actividad Física y actualmente residente en Reino Unido. «Mi especialización es la natación de los bebés desde los dos años y niños hasta los ocho, pero aquí está mal visto dejar a un adulto varón con niños. Todavía es “algo de mujeres” y hay un veto marcado y nada disimulado, te lo dicen a la cara».

Marta es programadora en una gran empresa en Barcelona, y admite que varias veces en su carrera se ha «encontrado con un techo de cristal no tanto en cargo pero sí económico» que le ha forzado a ir cambiando de empresa hasta llegar a la actual. «Esta marca es grande y la igualdad se respeta mucho, es una gran diferencia con respecto a las pymes en las que he estado, […] quizá más tradicionales».

Joaquín lleva años dedicándose a la limpieza de portales, aunque no fue su primera opción. «Hay una fuerte oposición a que entres en los hogares, que en realidad es lo que me gusta. Antes estaba en una empresa de limpieza a domicilio, pero cerró y recurrí a la higiene de pasillo […] También tuve la oportunidad de limpiar cristaleras en edificios de oficinas, con góndola, pero prefiero el suelo firme», sonríe.
 

Machismo y homofobia como causas frecuentes

Después de hablar con nuestros cinco profesionales e indagar en cómo ven desde dentro las causas, nos damos cuenta de lo diferentes que son los motivos por los que los géneros todavía pesan en la profesión.

María es de un pueblo pequeño, pero aun así sus padres le apoyaron cuando eligió su carrera. «Creo que pesa mucho lo que opine tu entorno cercano. Si para ellos es normal, para ti supone una elección natural». «La experiencia más cruda que he tenido por mi género fue muy light, y se pensaron que un trabajador era mi responsable cuando era justo al revés. Risas nerviosas, apretones de manos y todo solucionado».

Machismo, homofobia y miedo en general como las causas

«Hace años había bastante discriminación al respecto», nos confirma Alberto, que entró como enfermero en 1984. «El problema estaba fuera de la enfermería […]. Un ejemplo: al salir de la universidad, un compañero fue insultado “maricón”. El insulto era a costa de desprestigiar o disminuir a los homosexuales, y no tanto a los enfermeros […], y es un matiz importante. A medida que nos hemos vuelto más tolerantes con las orientaciones estos insultos pierden toda validez y los vemos menos, aunque todavía se oyen ecos».

Manuel, que eligió vivir en Reino Unido por su mujer, lo tiene claro tras haberlo visto durante los procesos de selección. «Se tiene miedo a que un adulto varón influya sobre un niño», nos dice, al mismo tiempo que se pregunta en voz alta «¿Quizá por las noticias? ¿Varón moreno y con barba…?», sonríe con humor. «La mentalidad en España es mucho más abierta al respecto, y en eso estamos adelantados. La confianza es algo que se estila menos aquí».

Marta nos confirma que «todavía hay quien piensa que alguien vale menos por su sexo [y agregamos género] cuando este se decanta menos por una profesión. Por desgracia, el machismo en según qué empresas de tecnología sigue existiendo». Por eso, ella cree que es importante «rodearse de un buen grupo de profesionales a los que le de igual», ignorando mucho al resto».

«Supongo que a nosotros [hombres] se nos da de manera histórica trabajos más peligrosos [limpieza con góndola] y […] se sigue manteniendo a la mujer en el hogar, aunque no sea el suyo […]. Son dos tipos de machismo distinto: de sobreprotección innecesaria y de atribución de valores que no tienen por qué ir ligadas al género», admite Joaquín que, además, tiene «bastante vértigo y ninguna gana de subir más allá de unos pocos escalones».
 

¿Cómo ves el futuro del trabajo en base a la clasificación por sexos?

La mayoría son optimistas con respecto al trabajo y a la atribución de puestos a géneros determinados. Sin embargo, hay algunos peros.

Marta nos dice que «el futuro no se parecerá nada a lo que ocurre hoy día […] porque cada vez es menos importante quién seas y más qué puedes hacer». «Yo trabajo detrás de un ordenador con gente de todo el mundo, en inglés e hindi, y muchos no saben si “Marta” es una mujer o hay un hombre tras la pantalla. […] Además, me dedico a la teleasistencia y el sistema de chat genera nombres aleatorios (mi mail no). Cada día me llamo de una forma distinta, a veces con nombres masculinos. El trabajo a distancia ayuda a que el género importe menos».

¿Cómo ves el futuro del trabajo y esta guerra de sexos?

Por contra, Manuel ve tendencias negativas en su sector porque en Reino Unido «hay cada vez más miedo en según qué sectores», aunque continúa diciendo que es «algo temporal, estoy seguro (porque si no volvería a Asturias), pero llevará mucho tiempo normalizar algunos trabajos; sobre todo eso, tiempo».

Joaquín se lo toma menos en serio y bromea afirmando que «en realidad, no tengo ni idea de motores, ni me gusta el fútbol, soy más casero que un gato y me gusta cocinar. Pero esto sigue siendo lo raro […], poco a poco van cambiando las cosas, la gente tiene la mente más abierta».

María nos comenta algo que resaltamos para el cierre del artículo, y que sirve de ecualizador para educar a las siguientes generaciones: «Hay que dar ejemplo. Hace falta para “despertar” a la sociedad […], pero llegará un momento en que las preguntas que me has hecho carecerán de sentido porque […] dará totalmente igual tu género. Lo importante es dedicarte a lo que te gusta, sin importar lo que dirán o piensen. Eres el mejor ejemplo que seas capaz de dar».

Por Marcos Martínez

Imágenes | iStock/MangoStar_Studio, iStock/thomasandreas, iStock/lisafx, iStock/scyther5

Marcos Martínez
Marcos Martínez
Ingeniero por azar, autor por vocación y redactor de contenidos sin querer. Amante de la tecnología, porque nos llevará donde nunca hemos estado antes.