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Cómo trabajan las smart cities para ser más ecológicas y sostenibles

Según datos de la ONU, en el año 2050, la población que viva en núcleos urbanos habrá crecido un 75%. Estas cifras nos hablan de la importancia de las smart cities, ya sabemos, esos lugares en los que el Internet de las Cosas y las nuevas tecnologías ayudan a generar una infraestructura que garantice que la vida de las personas sea más cómoda y eficiente.

Pero cuando nos referimos a la ecología y a la sostenibilidad, las implicaciones van más allá. No se trata sólo de que nuestra ciudad sea más moderna, sino de enfrentar los problemas que el cambio climático o la contaminación están generando. Estamos ante un auténtico reto global. Por ello, hoy queremos acercarnos a lo que las smart cities ya están haciendo para trabajar en estas líneas.


Trabajo en equipo

Las acciones que las diferentes ciudades llevan a cabo no funcionan de manera aislada y puntual. Al contrario, cada vez son más las instituciones que están tomando conciencia de la necesidad de una implicación ecológica del urbanismo.

El tratado 20-20-20 es un ejemplo de lo que decimos. En 2011, la Unión Europea ponía en marcha este plan con miras a su cumplimiento en el año 2020. Entre sus objetivos, se encontraba reducir la emisión de gases en un 20%, potenciar el uso de energías renovables en un 20% o disminuir el consumo de energía, también en un 20%.

En aquellos años, el concepto de smart cities aún era poco conocido, pero la UE ya tenía la vista puesta en los prometedores avances que podía suponer. Así, su SET Plan (Plan para el desarrollo de Tecnologías Estratégicas en el campo de la Energía) focalizaba en el impulso de las energías alternativas, la bioenergía o el desarrollo de redes.

 

Por su parte, el GICI (Grupo Interplataformas de Ciudades Inteligentes) es un grupo de trabajo formado por 21 plataformas tecnológicas de nuestro país que lanzaron en octubre del año pasado su Visión a 2030. Un estudio sobre su perspectiva de las smart cities en esa fecha que nos habla de la preponderancia que dan al tema del medioambiente y la sostenibilidad. Lo enfocan dentro de una de las áreas claves de su trabajo y apuesta por medidas para la gestión de la energía, el uso de energías renovables y un consumo sostenible de los recursos.

 

Lo que ya se está haciendo

Podemos acercarnos a muchos ejemplos que evidencian el trabajo de las smart cities en pos de la sostenibilidad:

Uno de los casos más llamativos son los llamados huertos verticales. Se trata de edificios en los que se alojan especies vegetales de todo tipo, tanto con funciones hortofrutícolas, como de divulgación científica o incluso entendidas como un bello recurso arquitectónico. Y, desde luego, con una clara función: trabajar como un pulmón vegetal que aporte oxígeno a la ciudad, siempre aprovechando el máximo al espacio al construirse de manera vertical. En Nantes encontramos una de esas torres vegetales, de 60 metros de altura.

Oslo, la capital noruega, también se encuentra trabajando en mejoras que la conviertan en una smart city. Uno de sus principales problemas es la falta de luz. Oslo está situada muy al norte del continente y se calcula que el 38% de la energía que se usa en la ciudad está destinada a la iluminación exterior. Para reducir este consumo, están implantando la tecnología Lonworks. La ciudad está reemplazando sus 55.000 farolas por un nuevo sistema inteligente de balastros electrónicos comunicados entre sí, mediante el IoT. El sistema controla las luces teniendo en cuenta factores como el tráfico o el clima de ese momento.

Otra de las ciudades de referencia cuando se habla de smart cities es Barcelona. La Supermanzana es un ejemplo de la apuesta por la sostenibilidad y la gestión eficiente de los recursos. Las Supermanzanas son núcleos en cuyo interior apenas pueden transitar vehículos particulares. También se limita el estacionamiento en la calle. Su objetivo es devolver el espacio urbano a los peatones, mientras que los coches circulan por las vías exteriores.

Puede que, de momento, pocos hayan oído hablar de “basura inteligente”, pero este concepto comenzará a sonarnos más y más. Santander es una de las ciudades españolas que ya lo emplea. Se trata de un sistema que dota de sensores a los contenedores de basura que generan gran cantidad de datos muy útiles para el servicio de recogida de residuos de la ciudad. ¿Ejemplos? El nivel de llenado de los contenedores, la necesidad de ayuda por parte de equipos de limpieza o mantenimiento, o las rutas más eficientes para los camiones. Además, los ciudadanos cuentan con una app tanto para obtener información como para avisar de posibles incidencias.

Las smart cities plantean soluciones para hacer nuestra vida más cómoda. Pero también para combatir un problema que nos acucia: la contaminación o los desequilibrios en el medioambiente. Su ayuda puede ser esencial para solucionar estos conflictos.

Por Noelia Martínez

Imagen | Pixabay