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Design Thinking, esa nueva forma de pensar que dispara las posibilidades de éxito

El mundo empresarial se encuentra inmerso en una fascinante etapa. Atrás quedaron los viejos modelos comerciales, dando paso a nuevas técnicas marketeras. Estas no solo servirán para incrementar la productividad, sino para mejorar la calidad del trabajo de las compañías. Un apasionante reto que tiene en el design thinking a un gran aliado.

 

¿Qué es el design thinking?

El design thinking es una metodología para desarrollar nuevos productos y servicios aplicando una herramienta primordial como es la creatividad. Su propósito pasa por buscar la innovación. Y siempre pensando en las personas. Si se trata de un producto que ha de salir a la venta, tratará de comprender qué necesita y quiere el usuario final.

Pero también puede ser aplicado a otros ámbitos, como por ejemplo la resolución de problemas dentro del seno de una empresa. Lo importante es saber que el pensamiento de diseño usa técnicas innovadoras e imaginativas que obligan a los individuos a pensar de otra forma y, por ello, a encontrar soluciones que no hubieran imaginado.

El design thinking aboga por poner el foco en el proceso de diseño y no tanto en el producto final. Pues ese producto solo podría ofrecer garantías de éxito si durante su creación se han tenido en cuenta los factores necesarios. Se considera que el creador del design thinking es Tim Brown, que publicó un artículo hablando de esta metodología en el Harvard Business Review en 2008, y que actualmente trabaja para la consultora IDEO.

 

Características y objetivos

El design thinking es una tarea multidisciplinar que integra aspectos de diferentes áreas. La idea es aprovechar “lo mejor de cada casa”. Es decir, no cerrarse a una estructura clásica, sino beneficiarse de los diferentes enfoques que los distintos campos de la realidad ofrece. Sociología, economía, atención al cliente, diseño, respeto por el medioambiente, integración conectividad…. Todos los campos que afectan al ser humano y sus relaciones sociales y económicas pueden ser importantes.

Así, nacen nuevos productos que cambian las reglas del juego. Por ejemplo, al diseñar un nuevo dispositivo, no se piensa en el producto final o en lo que quiere la empresa. Se piensa en las necesidades del cliente, en lo que va a ser mejor para su experiencia como consumidor.

Entre los propósitos del design thinking encontramos:

– Aprender mientras se crea. No solo es importante el final, sino también el camino. El design thinking nos enseña que todo proceso creativo es una gran oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo.

– Conocer mejor al usuario. Comprender sus necesidades y posibles problemas. Para ello, nada mejor que observarlo y estudiar sus características.

– Generar tantas ideas, estrategias y soluciones como sea posible. La creatividad y el no cerrarse puertas es clave. Incluso una idea que no haya sido de utilidad para un momento en concreto, puede resultar importante para un proceso posterior.

 

El proceso

La metodología del design thinking se enfoca en cinco pasos muy claros:

– Empatizar. La clave está en el consumidor. Más allá de estudiar datos y estadísticas, el arranque de este viaje se centra en conocer de verdad al cliente. Darle voz para que pueda expresar qué quiere, necesita o desea. Ponerse en su piel.

– Definir el problema. Una vez recabada la información del usuario, es hora de focalizar en el asunto a tratar. Muchas veces se sabe que hay un problema o una necesidad pero no se trabaja en definirlo y “atraparlo”. Solo sabiendo a qué nos hemos de enfrentar, podremos dar con la solución.

– Idear soluciones. Es el momento de la creatividad más pura. Lanzar ideas y puntos de vista sin cortapisas, sin que nadie censure a otro por descabellado que pueda parecer el concepto. La lluvia de ideas es una de las técnicas que mejor funcionan, un punto de partida para trabajar y afinar las estrategias. Así se forjarán las soluciones más innovadoras.

– Hacer prototipos. Convertimos la idea en realidad. Realizamos prototipos con las ideas pensadas y seleccionadas. Aunque no se trate de un producto (que puede parecer más fácil de materializar), sino que hablemos de un servicio o proceso, es importante encontrar una forma de llevarlo a la “práctica”…

– Testarlo. …para poder llegar al quinto punto. Poner a prueba esa idea que sobre la mesa nos parecía tan brillante. El prototipo se testa con usuarios y clientes. Ofrecen su opinión sincera sobre lo que piensan de ese producto. Así se puede trabajar en mejoras y modificaciones.

Y, muy importante, si al final de ese proceso descubrimos que nuestra idea no funciona, no pasa nada. Porque el design thinking es una apuesta por el aprendizaje mientras se trabaja. Y equivocarse también es un parte importante que nos servirá para extraer conclusiones.

 

Por Noelia Martínez