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Así revolucionará la oficina el Internet de las Cosas

En el futuro, cuando miremos hacia atrás desde nuestros mundos hiperconectados, nos reiremos de aquellos primeros objetos smart que poco tenían de listos. Sin embargo, los dispositivos inteligentes actuales son el principio de todo. Son la primera piedra de una nueva forma de hacer las cosas que aún ahora empezamos a imaginar. Es el universo del Internet de las Cosas y así va a cambiar nuestro mundo, empezando por la oficina.

 

 

La hora de una oficina inteligente

El primer iPhone revolucionó el mercado de los smartphones hace solo 10 años. Unos años antes, Ericsson vendía el primer modelo de teléfono inteligente como tal. Así, en menos de dos décadas, dispositivos cada vez más smart han conquistado nuestro mundo, impulsados por una red de redes que cada vez funciona mejor y tiene más capacidad.

 

De esta guisa nos presentamos en los albores del Internet de las Cosas, la anunciada interconexión de miles de objetos de nuestro día a día. Objetos comunicándose entre sí y con nosotros para nuestro beneficio. A nivel oficina, aunque todavía es algo muy novedoso, existen, por ejemplo, sistemas de reconocimiento y mobiliario conectado para saber dónde están y qué hacen los empleados. O cafeteras que monitorizan el consumo de cafeína de cada trabajador.

 

La tecnología avanza y avanza y la pregunta, en realidad, no es cuándo va a estar disponible la próxima novedad, sino, más bien, ¿qué vamos a hacer con ella? La infraestructura ya está lista, solo necesitamos empezar a utilizarla de verdad. Cambiar la forma en la que trabajamos para colaborar de verdad con los dispositivos y, a través de ellos, con el resto del mundo.

 

Ha llegado la hora de crear una oficina inteligente. Así cambiará el Internet de las Cosas la forma en la que trabajamos.

 

1.000 mentes son mejor una

Es la primera gran consecuencia de la conectividad: el acceso en tiempo real a todos los empleados de una empresa, independientemente de dónde se encuentren. Un sistema eficiente e inteligente, que llegará a ser predictivo, permitirá que cualquier duda sea resuelta por la persona correcta. Da igual que la duda sea de un cliente, de un jefe o de un becario.

 

“Es cierto que dos cabezas piensan más que una, pero 100 cabezas pueden cambiar el mundo. Conectar a todas las personas de tu compañía aumentará la precisión y la productividad de la empresa”, explica Matt Wesson, Content Marketing Associate Manager en salesforce.com, en un artículo publicado en Quartz.

 

Aun así, aunque los cientos de miles de trabajadores de una gran multinacional pudiesen trabajar de forma conjunta, necesitan información, una información que tiene que estar abierta y ser accesible. Ahí también ayuda el Internet de las Cosas y, cómo no, el big data.

 

Hay que hacerles caso a los datos

Los sistemas que mantengan todo interconectado tendrán acceso a los miles de millones de datos generados por los dispositivos, los propios trabajadores y las tareas y proyectos de la empresa. “Esta es la primera clave del éxito de una oficina inteligente: datos abiertos, de forma segura, para todos. Porque el conocimiento más valioso se esconde en los grandes conjuntos de datos”, señala Louis Tetu, CEO de Coveo, una compañía de análisis predictivo e inteligente, en un artículo publicado en CMS Wire.

 

Una vez que este sistema esté en marcha, y se haya asegurado el acceso a la totalidad de los datos, se podrán utilizar técnicas de análisis para comprender cómo cada uno de nosotros interacciona con la información y qué resultados obtiene. “Las analíticas resultantes contribuirán a que el propio sistema aprenda y sea proactivo”, continúa Louis Tetu.

 

Así, en el caldo de cultivo del Internet de las Cosas, el big data y la tecnología smart, crece y se hace fuerte el machine learning. Las máquinas o, mejor, los sistemas que las manejan, aprenderán a trabajar más y mejor con los empleados. Y el verdadero trabajo colaborativo se hará realidad.

 

Aprende del entorno, aprende de los trabajadores

Llegados a este punto de desarrollo, la smart office toma el mando de las cosas. El sistema inteligente es capaz de saber qué empleado puede resolver mejor cada proyecto, problema o duda. La oficina se convierte en el mejor manager, solicitando la colaboración de cada trabajador según sus capacidades.

 

Uno de los aspectos negativos de los sistemas inteligentes y el Internet de las Cosas tiene que ver, precisamente, con los directivos. La gran cantidad de información y datos existentes es ya, hoy en día, imposible de manejar por mentes humanas. Así, la tecnología smart tendrá que echar también una mano a la hora de seleccionar, en base a su experiencia, qué información es relevante para el éxito de la empresa.

 

“Los empleados son capaces de manejar problemas complejos si se les proporcionan la información y el contexto adecuados”, explica el CEO de Coveo. “La información relevante ayudará, por un lado, a que las organizaciones inteligentes alcancen la excelencia y, por otro, a retener a los empleados con mayor talento”.

 

 

Y al final… ¿business intelligence?

En una oficina inteligente, los dispositivos conectados no solo funcionarán como ese supercerebro que coordine los recursos humanos y tecnológicos de la empresa. Los aparatos smart también avisarán cuando algo va mal, las bombillas inteligentes regularán la luz por sí mismas y la temperatura (y el consumo energético) serán controlados de forma eficiente.

 

Además, el Internet de las Cosas también llegará a todos los productos que las empresas comercializan. Así, las compañías tendrán un torrente de datos no solo interno, sino que sabrán qué pasa más allá de los despachos, qué piensan y qué hacen los consumidores.

 

De esta forma, un sistema inteligente en la oficina pondrá orden en la vorágine de datos del Internet de las Cosas. La verdadera revolución no está en la infraestructura conectada, está en saber qué hacer con ella. Como dice Matt Wesson, el secreto está en que los datos no sean un lastre, sino una ventaja competitiva.

 

“A medida que nos conecten más y más dispositivos, pasaremos a ser parte de algo más grande que una oficina. Es hora de empezar a pensar estratégicamente en cómo transformar tu oficina, tu compañía y tu negocio para alcanzar un nivel hasta ahora desconocido de sofisticación e inteligencia”, concluye Wesson.

 

Es la hora del verdadero business intelligence, la tecnología y el análisis big data al servicio de la toma de decisiones. El Internet de las Cosas no es más que una tecnología. Es una palanca de miles de millones de datos con la tenemos que mover el mundo. Y solo estamos dando los primeros pasos.

 

Juan F. Samaniego