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¿Qué le diría un emprendedor que cierra a otro que empieza?

España lleva varios años seguidos con un dato digno de análisis: se abren más empresas de las que cierran, tal y como refleja el Directorio Central de Empresas (DIRCE). Esto supone un cambio de tendencia desde que en el año 2007 empezara a descender drásticamente el número de empresas.

Si bien el saldo de creación de empresas es positivo, este dato no debe esconder la realidad ni desviar la atención: en 2015 (último dato con el que cuenta el INE) fueron 331.812 empresas las tuvieron que echar el cierre, lo que supone que el 9,3% de las existentes tuvieron que decir adiós a su negocio.

Detrás de estos cierres, hay vivencias, personas, experiencia, saber hacer, aprendizaje y un conocimiento muy útil para los emprendedores que comienzan. ¿Qué crees que le día una emprendedor que acaba de cerrar a otro que está a punto de empezar? La respuesta es sencilla: Emprende, pero no cometas mis fallos, o por lo menos hazme caso a cómo intentar neutralizarlos.

 

Fallo: No ingresar lo suficiente y/o no tener liquidez

El principal problema de las empresas que acaban cerrando es no ingresar lo suficiente para garantizar no solo la supervivencia sino el crecimiento.

No te fíes de la tarifa plana para emprendedores. Pagar 2.300 euros menos en cuotas de autónomo el primer año puede ocultarte la realidad de tus ventas y tus gastos. Debes estar preparado para cuando te suban estas cuotas y tu negocio deje de estar “subvencionado” respecto al de tus competidores. Por supuesto, esto es extensible a cualquier tipo de ayuda o subvención, que claro que hay que solicitarlas, pero no supeditar tu negocio a ellas.

 

Respeta a tus competidores. Cuando abres un negocio y entras a competir, debes tener en cuenta que, en el mejor de los casos, entre tu competidor y tú os repartiréis el 50% de los ingresos existentes hasta ese momento. Si ese fuera el supuesto, si a esa empresa le estás arrebatando el 50% de su cuota de mercado, que es una locura, también supone que tú tienes ese tope.

No tengas un negocio solo para pagar facturas. Debes tener un sueldo que compense tu tiempo y esfuerzo, y si esto no sucede no merecerá la pena. Tener un negocio para que ganen todos los agentes económicos que te rodean menos tú no es rentable.

No inviertas en cosas inútiles. La ilusión del que empieza a veces es imparable, pero sin duda uno de los capítulos en los que debe detenerse es a la hora de rodearse de inmovilizado no productivo o sobrecargar la cuenta con excesivos gastos superfluos. No esperes a cerrar tu negocio para descubrir que hiciste una mala adquisición.

 

Fallo: No progresar

Quedarse estancado en el inicio de la actividad suele ser un problema para muchos emprendedores, que hacen esfuerzos increíbles para abrir, pero no son conscientes que lo duro viene después.

Crece hasta que puedas. Abrir un negocio supone crecer. En el momento que detectes que esto no sucede, preocúpate, ya que tu mercado potencial puede no entender tu propuesta o tus competidores te están adelantando por algún sitio. En este sentido, debes ser consciente de guardar un equilibrio entre el crecimiento que puedas experimentar con el que puedas soportar.

Haz pruebas. Siempre que el tipo de negocio te lo permita, e incluso antes de empezar tu actividad, haz pruebas y experimentos con tus productos y servicios, pierde el miedo a hacerlos, ya que aprenderás muchísimo de tus clientes.

Innova constantemente. Genera ideas, implementa todas las que puedas. Si no entras en una dinámica innovadora, posiblemente cuando seas consciente será tarde. Y es que lo que te funciona para ser competitivo el primer año, seguramente no te funcionará al tercero.

No pares de comunicar. Puedes tener excelentes productos y servicios, pero si no los comunicas estás acabado, utiliza aquellos medios y mensajes a los que mejor respondan tus clientes.

 

Fallo: Emprender no está hecho para ti

Uno de los principales problemas que llevan a una empresa al cierre son las actitudes y aptitudes de la persona que ha abierto ese negocio.

Yo no lo haría. No emprendas si te sientes empujado a emprender, si no te gusta la profesión en la que vas a crear tu negocio, si no vas a saber sacrificar tu vida personal, si no te van a compensar los ratos malos, si no eres capaz de verte en este negocio dentro de cinco años, etc. Así no.

 

Rodéate de expertos y colaboradores. Emprender solo está bien, pero esa soledad agobia, ya que necesitas personas que te aconsejen, que te guíen y que te apoyen en tu andadura. Por eso, deberás tejer una amplia red de colaboraciones en las que sustentar tu actividad y poder contrastar la evolución de tu negocio.

Coge mucha experiencia. Si no la tienes aún, antes de emprender y en determinados sectores, es fundamental que trabajes para otros, ya sea para conocer de primera mano cómo se trabaja en la profesión o para ir sembrando una reputación.

No te quejes. Sumarte a la ola de los que se quejan en la cafetería de los impuestos, la cuota de autónomo, la situación general, la falta de educación, etcétera, no te va ayudar. Guarda esa energía en dedicarla a tu gestión, tus clientes, en disfrutar de tu aventura.

 

Por Javier Navarro