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Sacar fuerzas para estudiar a los 30, 40 y 50 años

Cuando llevamos un tiempo buscando trabajo, empezamos a desesperarnos y a preguntarnos qué hacemos mal. Oímos frases como «si no encuentras trabajo es porque no buscas», o «¿pero has retocado ya el currículum?». Entre ellas, pocas veces están otras como «vuelve a estudiar». Especialmente si tenemos ya una edad.

Sin embargo, la causa más frecuente de que no nos llamen es que nuestras habilidades están obsoletas. Al menos tal y como las conservamos. Claro, que no es lo mismo volver a estudiar volver a estudiar (reinventarse es la palabra de moda) a los 20 años que a los 30, 40, y no digamos ya los 50.

Partiendo del hecho de que los conceptos nos costará más fijarlos, llega un momento en nuestra vida en la que no nos apetece nada aprender. Sin embargo, hay motivos para la esperanza.

 

Estudiar consiste en actualizarse

Uno de los puntos más importantes que traemos a primera plana es que el estudiar de ahora no es lo que era antes. Sin ánimo de quitar peso a los estudios, por supuesto.

El sistema moderno tiene una base general que sí tiene correspondencia con las antiguas titulaciones (la ESO/BUP, el bachillerato, la universidad o los másteres). Sin embargo, el reciclaje de habilidades muchas veces consiste en estar informado en un campo concreto y no depende de ninguna titulación extra.

Por poner un caso concreto, un contable con 50 años no tiene por qué entrar de nuevo en la universidad y aprender una nueva carrera desde cero. Basta con que aprenda a controlar algunos programas básicos para que sus posibilidades de ser contratado aumenten mucho. Es decir, estudiar ahora consiste en actualizarse.

Aunque poco frecuente, no es mala idea añadir en el currículum una línea o dos sobre conocimientos que se poseen más allá de tener o no un título. A la empresa que te contrate no le importará de dónde vienen esas habilidades.

 

Si estás leyendo esto ya tienes más puntos

No es que te vayamos a dar las claves infalibles de la búsqueda de empleo, pero el mero hecho de estar leyendo esto ya es un buen paso para salir de las estadísticas pesimistas que invaden los periódicos. Tales como:

– «Es prácticamente imposible que lo contraten si tiene más de 50 años». El País, 5 de agosto de 2016.

– «El número de parados mayores de 55 años se dispara un 322% desde el año 2007». El Mundo, 31 de marzo de 2017.

– «Los mayores de 45 años ya representan 37 de cada 100 parados». 20 Minutos, 8 de mayo de 2017.

Hay que tener en cuenta que la edad es el factor asequible con el que se miden estas estadísticas. Conocer la edad de una persona es fácil. Sin embargo, ponderar sus conocimientos y experiencia no lo es tanto, y reducir este a una cifra haría imposible la estadística y los estudios.

Si la edad media de los parados en España está aumentando —cosa que es cierta— es principalmente porque esas personas de edad avanzada tienen menos conocimientos digitales que las más jóvenes.

La llamada alfabetización tecnológica o digital arranca en el manejo de ofimática básica e Internet como herramienta —búsquedas, registros en plataformas, etc.—. Sigue con el uso de redes sociales, de aplicaciones web y, en última instancia, programación.

Dado que este es un blog digital, y que estás leyéndolo, ya dispones de más herramientas que otros candidatos de tu edad. Gracias simplemente a saber manejar Internet y saber buscar cursos MOOC se tiene un empuje considerable y equivalente al de generaciones posteriores.

 

El trabajo lo dan los conocidos

Precisamente estas generaciones posteriores son en las que nos debemos apoyar aquellos que tengamos una edad. El networking es la causa en España del 45% de la contratación. A pesar de que la palabra inglesa suena muy chula, hablamos de tener contactos —y usarlos—.

Dado que los jóvenes suelen tener más contactos y con mayor tasa de colocación, una gran idea es la de echar mano de familiares y conocidos de entre 20 y 30 años. Los llamados millennials. Aunque pedir ayuda a nuestros hijos, sobrinos o conocidos más jóvenes no suele ser fácil.

Factores como el ego, las apariencias o el qué dirán bloquean muchas oportunidades laborales. Pero, ¿no solía ocurrir que generaciones con más experiencia colocaban a sus hijos en tal o cual empresa? ¿Por qué no iba a ocurrir al revés en el siglo XXI?

 

El nivel ofimático requerido es bajo

Cuando leemos ofertas laborales suele echarnos hacia atrás el número de requisitos informáticos. Sin embargo, a menos que estemos buscando un puesto IT (relacionado con la tecnología en la empresa) unas habilidades básicas o moderadas en el manejo ofimático será más que suficientes para afrontar el día a día.

¿Y esto qué significa? Word, Excel, un navegador estándar y poco más. Y además a un nivel que no entra dentro de la complejidad de las macros o la programación. Las excepciones pueden cubrirse aprendiendo utilidades puntuales o, simplemente, pidiendo ayuda a otros compañeros —o al omnisapiente Google—.

En gran parte de las oficinas se usan paquetes básicos como Microsoft Office y entornos como Windows —e iOS en menor medida—. Entornos digitales no muy complejos, de fácil aprendizaje o que la mayoría ya tenemos interiorizados de usarlos en nuestro domicilio.

No podemos negar que los cambios en el mundo laboral de las últimas décadas han sido turbulentos. Algo que probablemente se mantenga de cara al futuro. Además, no parece haber asidero al que agarrarse. Especialmente cuando se ha alcanzado una cierta edad, las cifras hablan por sí solas.

Sin embargo, es posible salirse de las cifras negativas mediante el estudio. Reciclaje, renovación , actualización o cualquier otro eufemismo nos sirve, pero es importante recalcar que volver a estudiar y aprender —aunque sea de cursos MOOC— es la clave para tener más posibilidades de contratación.

 

Por Marcos Martínez