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La burbuja de las start-ups, ¿dónde se ha quedado la innovación?

El empresario ha apagado el puro y colgado el sombrero. Ahora lleva zapatillas, vaqueros y sudadera con capucha. Internet y la digitalización del mundo han abierto las puertas a un nuevo modelo de negocio al que todo el mundo quiere sumarse: las start-ups. Pero, ¿hemos llegado tarde?

Una start-up, o empresa emergente, es una compañía que, pese a su juventud y falta de recursos, consigue atraer la atención de grandes inversores y despega rápidamente, convirtiéndose en un referente en el mercado. Con los ejemplos de éxito de Facebook o Amazon, todo el mundo busca el nuevo diamante en bruto digital. Sin embargo, en Silicon Valley, cuna del movimiento start-up, el estallido de euforia de los últimos años se está frenando. En 2016, el valor de Twitter en bolsa era un 64% más bajo que cuando se lanzó en el mercado de valores. LinkedIn, por debajo del 50%.

En un mercado digital en el que las preferencias del consumidor cambian rápidamente, los altos riesgos han quedado al descubierto y los inversores han decidido tomárselo con algo más calma. Así es como se pincha una burbuja, y en España podría estar pasando lo mismo.

 

La salud de los españoles emergentes

El boom de las start-ups en España se produjo en 2015, cuando el número de este tipo de empresas, enfocadas en el sector digital, creció un 26%. En los tres años anteriores, la financiación había aumentado casi un 80%. Sin embargo, según el informe Digital Startups Ecosystem Overview 2016 de Mobile World Capital Barcelona, 2016 cerró con 502 millones de euros invertidos en empresas emergentes, 70 millones menos que en 2015.

El año pasado fue también el año de Hawkers (atrajo 50 millones de euros en financiación), Wallapop (valorada en más de 200 millones) o JobandTalent (ha cerrado seis rondas de financiación por valor de más de 85 millones de euros). Wallapop aún no produce beneficios y Jobandtalent se ha despedido de 2016 perdiendo dinero y echando a buena parte de su plantilla. Hawkers sigue al alza y generando beneficios.

Son solo tres ejemplos, tres bastante conocidos, pero sirven para ilustrar el punto. No es oro todo lo que reluce y la inversión en estos proyectos es arriesgada. Dar el salto con un modelo digital y de bajo coste y adaptarlo a un crecimiento explosivo es complicado. Es la ansiada escalabilidad, y muchos se han quedado por el camino intentando conseguirla.

 

¿Y la innovación?

Quién pensaba que una plataforma en la que publicar tu propia vida podía triunfar. O que vender películas por Internet podía ser rentable. Casi nadie. Por eso Facebook y Netflix no tienen rival, se atrevieron a innovar, tuvieron visión (y suerte) y se encontraron un mercado sin competencia en el que crecer explosivamente.

Así, el término start-up está (o debería estar) profundamente ligado a la innovación. Sin embargo, en España parece que triunfa más el intentar seguir los pasos de otros. Y este es el dato que más preocupa a los inversores.

Según el informe de la fundación Mobile World Capital Barcelona (que está detrás, entre otros eventos, del Mobile World Congress y el 4YFN), la mayoría de las start-ups que cierran grandes rondas de financiación se centran en negocios que ya existen, es decir, no son realmente disruptivas. Responden al clásico modelo B2C (Business-to-Consumer) al que le han añadido una herramienta digital que permite mayor crecimiento.

Así, el e-commerce es la actividad central de casi un cuarto de las 2.663 startups contabilizadas en España a finales de 2016. Un 14% se dedica a redes sociales, un 13% al mundo empresarial, un 11% al sector móvil y un 6% al turismo, uno de los sectores en los que se espera más crecimiento en los próximos años.

Además, las grandes rondas de inversión que se cerraron en 2016 (superiores a 10 millones de euros) responden, en su mayoría, a negocios poco innovadores. El premio gordo de los inversores fue para Cabify, Hawkers, JobandTalent, Cornerjob, Abba English y Splio, y solo Inbenta (inteligencia artificial) y 4iQ (ciberseguridad) siguen un patrón claro de innovación.

Un futuro, de momento, saludable

Las señales quizá no sean las mejores (caída en la inversión, baja innovación y mayor percepción del riesgo), pero los informes señalan otros datos que pronostican un futuro bastante saludable, aunque haya un pinchazo de la euforia inicial.

Barcelona y Madrid son la quinta y sexta ciudad de Europa que más start-ups concentran, por detrás de Londres, Berlín, París y Ámsterdam. El sector digital supone ya un 5,2% del producto nacional bruto en España y sigue creciendo año tras año. España es el segundo país de la Unión Europea que más talento emprendedor atrae y el quinto con mayor número de desarrolladores cualificados. Y la lista sigue.

Así que, burbuja sí o burbuja no, lo cierto es que “dar el pelotazo” es difícil en un mundo en el que la verdadera innovación se vende cara y en el que el riesgo de fracaso es elevado. La premisa: no todos podemos ser Facebook, pero, si no pruebas, nunca sabrás si habrías llegado a serlo.

 

Juan Fernández