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¿Cuándo es el mejor momento para abrir tu empresa?

El emprendedor se preocupa por todo (el logo, el rótulo del local, comprar los muebles, pintar el local, pedir los permisos, etc.), pero en ocasiones se olvida de algo simple, pero enormemente importante: valorar el momento en el que abrir la empresa.

Elegir la fecha exacta o un mes concreto del año para abrir un negocio puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso, ya que puede influir directamente en nuestra facturación.

La estacionalidad del sector

Las variaciones de la demanda durante el año justifican que adaptemos las fechas de nuestra apertura a determinados meses del año. En este sentido, es preciso conocer y valorar la estacionalidad del sector de actividad en el que vamos a desenvolvernos para poder tomar decisiones.

El verano es el momento ideal para actividades de hostelería o de restauración, por ejemplo. Retrasarse y abrir una heladería o un restaurante en una zona turística a final del verano, en vez de abrirla al principio, puede comprometer seriamente el futuro del negocio.

Para el sector comercial puede ser vital abrir antes de las fechas navideñas, de forma que mínimamente nos conozcan los clientes y que nos dé tiempo a realizar todas las compras a los proveedores antes de que se produzca la que puede ser la mayor afluencia de consumidores del año, tanto en Navidad como en Reyes, y que podamos llegar bien situados a las rebajas de enero.

El curso escolar, con su especial calendario de septiembre a junio, es clave para actividades como los talleres de verano, las academias de clases particulares o para quien más lo puede notar, papelerías o librerías. Para estas, abrir después de septiembre puede suponer perder muchas de las ventas del año entre material escolar y libros.

La fiscalidad y la burocracia

Si hablamos de crear una empresa y de los trámites que nos va a suponer, debemos tener claras varias fechas, las relacionadas con las declaraciones trimestrales de hacienda y fin de año.

Por un lado, debemos tener marcadas en el calendario las fechas de 1 de enero, 31 de marzo, 30 de junio y 30 de septiembre, ya que son las fechas en las que acaban los trimestres, en las que el autónomo tendría que presentar sus autoliquidaciones trimestrales de impuestos.

Si vamos a abrir en los últimos días de un trimestre, es mejor esperar y abrir al principio del siguiente (si no nos importa retrasar la apertura), ya que si no tendríamos que presentar la documentación respecto a todo el periodo anterior aunque sólo hubiéramos estado unos días de alta.

Por otro lado, la fecha de fin de año es fundamental, ya que es cuando finaliza el ejercicio fiscal. Así, si iniciamos actividad en diciembre nos supondría, por estar trabajando unos días, presentar la documentación como si hubiéramos estado todo el año ejerciendo, que en algunos casos compensa, pero en la mayoría no.

Igualmente, en el tema fiscal hay que estar al día, ya que a lo largo del año vemos que el Gobierno saca novedades fiscales que se hacen efectivas en una fecha determinada. De hecho, a veces, es conveniente esperar a que entre en funcionamiento una medida concreta, como en su momento pudo ser la tarifa plana del emprendedor, o incluso abrir antes, cuando se sabe que van a suprimir una ventaja fiscal.

Tu situación y el encaje producto-mercado

Existen otra serie de criterios para los que no hay fecha exacta y que dependerá de la situación personal del emprendedor, siendo fundamental abrir el negocio cuando esté preparado para ello.

Es aconsejable no abrir hasta el momento que sea un experto del negocio que va a crear. Para un peluquero no solo significa saber cortar el pelo, sino debe ser un excelente empresario de la peluquería. Y si no se encuentra preparado, debe formarse o trabaja para otro hasta que sea el momento.

Del mismo modo, el encaje del binomio producto-mercado debe ser exacto, por lo que si lanzamos un producto antes de que el mercado esté preparado para recibirlo puede ser un fracaso rotundo. Y es que controlar los tiempos para comercializar nuestros productos o servicios es vital.

No se trata de llegar pronto, pero tampoco tarde, porque, muchas veces, si nuestro competidor tiene un producto y el mercado se ha acostumbrado a él, será complicado desbancarle; y si no que se lo digan a los intentos de Google para suplir a Facebook. O a Facebook para desbancar a Snapchat.

 

Por Javier Navarro