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Lammily, la muñeca que cambió el negocio de las muñecas

En 2013, el nombre de Nickolay Lamm se hacía popular. Lamm había creado un modelo en 3D sobre cómo sería la muñeca Barbie si tuviera proporciones reales de una mujer normal. La diferencia entre la muñeca y el referente real eran tantas que la imagen llamó muchísimo la atención. Pero ése sólo era el primer paso.

Una muñeca con mucha carga

Así, nació la idea de crear a Lammily. Se trataba de una muñeca que aportaba un punto muy distinto. Lammily no tendría una figura estilizada e irreal, sino que defendería las proporciones de la estadounidense media de 19 años.  Lamm necesitaba una financiación con la que no contaba. Así, recurrió al crowdfunding. Contó al mundo su proyecto e hizo ver la necesidad de crear un juguete que se asociara a ciertas premisas éticas y positivas. Más de 13.000 personas recibieron el mensaje y apoyaron el plan de Lamm.

Así, en noviembre de 2014, la muñeca comenzaba a comercializarse. Lamm, un emprendedor especialista en marketing, veía realizado su proyecto. Lammily no es sólo una muñeca cuyo cuerpo y medidas son realistas, cuenta con una mayor movilidad y articulación que muñecas clásicas. Y ha desarrollado todo un universo a su alrededor que potencia la integración, la amistad, el trabajo o la solidaridad.

Sus puntos fuertes

En primer lugar, ofrece un producto que, desde el primer momento, se ha diseñado para cubrir un hueco que no existía en el mercado. Cuando en el universo de las muñecas priman las cualidades estéticas, un juguete como Lammily da un giro de 180º y presenta a una muñeca de proporciones reales, algo que ninguna otra empresa había ideado.

La marca se asocia a valores positivos, pues los problemas emocionales derivados de los complejos que el físico provoca son conocidos por todos. Los niños, al identificarse y jugar con una muñeca que aboga por la normalidad, no se sienten diferentes por no tener un cuerpo “perfecto”. Además, Lammily se interesa por la naturaleza, los viajes, la lectura… Tiene mucho mundo interior que quiere transmitir a los pequeños.

Los objetivos de Lammily pasan por conectar con todo tipo de público y, a pesar de su faceta reivindicativa, usa la simpatía, la cercanía y la naturalidad. No ataca a otros productos aunque ser el contrapunto de estos sea, precisamente, lo que le impulsó a nacer. No habla de sus “rivales”, sino que apuesta por sus propias cualidades.

La muñeca partió de una campaña de crowdfunding, pero ha sabido saltar del hecho puntual a convertirse en una marca que sigue desarrollando nuevos productos y todo un universo que siempre aboga por el compromiso con la igualdad y la integración. Al nacimiento de Lammily le siguió ropa que representa diferentes trabajos, un chico Lammily o, la última novedad, una versión de la muñeca en silla de ruedas.

Internet es el fuerte bastión en el que se apoya. Una completa web nos presenta las novedades y sirve de acompañamiento y guía a los usuarios que encuentran, por ejemplo, todo tipo de consejos y trucos para cuidar de su muñeca. La cercanía con el cliente se mantiene siempre. Y para las empresas es más económico que otro tipo de marketing.

Qué podemos aprender de ella

Para empezar, tenemos un juguete, va dirigido a los niños, pero la marca llega hasta ellos conectando, en primer lugar, con sus padres, con quienes, efectivamente, tienen el poder adquisitivo para comprarla. Y consigue esa conexión a través de las preocupaciones que pueden tener: dar a su hijo una educación en valores.

La lucha contra los estereotipos físicos que abogan por cuerpos esculturales llega a muchos campos; como el mundo de la moda, en el que las modelos curvy son tendencia. Lammily ha sabido hacerse un hueco en el universo de las muñecas, apostando por una preocupación global que nos concierne como a sociedad. El consumo responsable y ético es una de las preocupaciones que mueven a las empresas y que cada vez tienen más en cuenta.

Lammily nos enseña también el inmenso poder que tiene Internet y la era digital. Las imágenes de la Barbie realista que Lamm lanzó en 2013 se convirtieron en virales y ayudaron a que todas las noticias respecto al nacimiento de Lammily fueran seguidas por una gran parte del público, que conocía su historia y se sentía identificado.

Esta marca es un buen ejemplo de cómo la nueva economía colaborativa puede lograr grandes cosas. La campaña de crowdfunding da a Lammily un valor extra pues supone el reconocimiento de tantas personas que vieron ahí una buena idea y decidieron contribuir a ella. Apoyarse en la comunidad de Internet puede ser un gran empujón para cualquier marca, esté empezando o se encuentre consolidada.

Noelia Martínez

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